domingo, 19 de diciembre de 2010

La mer

Tabarca es una isla mágica. Una neblina la cubre cuando llego. Ya la he visitado varias veces pero sigue despertando el mismo sentimiento en mí. Voy a casa de un marinero que me cuenta lo siguiente:

-¿Qué ves aquí?-dice señalando un vaso de agua.
-Agua.-respondo.
-Yo sólo veo agua. ¿Qué ves aquí?-dice secamente.
-Hielo.
-Yo sólo veo hielo. No estoy loco. Es para demostrarte que sé de lo que hablo.

Sin hacer una pausa, empieza a hablar.

Hace años que estaba con una chica a la que conocí en la playa, ésa que hay ahí, al sur, la que está llena de rocas resbaladizas. Los dos en el agua, hablando tímidamente, mecidos por el vaivén de las olas.
Sentía como cada ola me acercaba a ella un poco más; y después volvía a separarme para evitar la presión. Una de esas olas vino más fuerte y la arrastró hacia dentro. Tuve miedo, corrí hacia afuera, busqué una cuerda o algo largo para lanzárselo. No encontré nada. Poco a poco, la vi yéndose lejos, desvaneciéndose. Fui corriendo a la casa más cercana y pedí una. En el camino hacia la playa, iba pensando por qué no me había llevado a mí. Cuando volví, no había nadie. Nada.

Mientras cuenta esto, no sé donde mirar. Me es imposible concentrar mi mirada en algo fijo. Continúa su historia.

Ni ella, ni mi corazón. Mi corazón lo había arrastrado la marea con ella. Había sido un cobarde. Me sentía indescriptiblemente mal. Una lágrima rompe su cascarón y comienza a andar sobre mi rostro, llevándose a su paso los vestigios de sal de mi cara.
Entonces grité: Iré a buscarte, te lo juro. Nada nos separará. Ni el océano más grande. No dejaré que las olas nos alejen. Nadaré las aguas para encontrarte. Nada es lo suficientemente fuerte como para separarnos y menos el agua.

Y poco a poco, baja la voz hasta llegar a susurrar: Lo único que nos separa son mis lágrimas...

-Pero ¿por qué no te ayudó nadie a buscarla?
-No lo pedí. Me juré que iría a buscarla todos los días. Esa noche no tuve fuerzas ni para meterme un metro en el mar. Soy un hijo de puta.
-No digas eso.
-Sí. He pagado por mi error. No me atreví. Ahora salgo todos los días en mi barca. Da igual lo que me pase, me juré que tenía que encontrarla. Vivo para encontrarla. Hasta que me canse y deje de remar. Me iré con ella.
-Pero ¿Cuánto tiempo llevas así?
-Tres años van a hacer. Sé que no la voy a encontrar nunca, soy consciente. Pero no me queda otra alternativa, por lo menos me sentiré útil, estaré más cerca de ella. Quizá me tropiece con alguien que se ha perdido y sepa ayudarle. Tal vez algún espejismo me haga olvidar.

Nos quedamos un momento callados. Después, dice:

-¿Sabes? Te he mentido en una cosa. En ese vaso, no veo agua. En realidad, lo que veo ahí son mis lágrimas, el reflejo de mi cobardía, y causa de mi dolor. Siento haberte mentido, pero era la única manera de que escucharas mi historia. Ya puedes llamarme loco e irte.

-En absoluto te considero loco. Estás mucho más sano que otras personas que conozco. Tienes mejor corazón que otras. Al menos, no vives para ti solo. Vives para tu amor.

Salimos afuera, donde sucedió todo. Tras pasar la puerta de la muralla que rodea la villa, salimos a una playa llena de rocas.

-¿Fue aquí?
-No, más adelante.

Pasamos un trozo en el que hay rocas semisumergidas, tremendamente resbaladizas. Me he calado entero. Llegamos a un islote.

-Aquí fue -mientas señala a la izquierda una pequeña cala.

Le abrazo. Sé que es duro pero debo irme ya. Le doy alguna esperanza, que aunque ambos sabemos que nunca ocurrirá, es bueno oírlas.

-Algún día aparecerá, por mar o por tierra.

De lejos lo veo escribir un nombre en el agua con el dedo. Me doy la vuelta, camino mientras me quito la sal de la cara: en verdad, ella no existe en este mundo.

1 comentario:

  1. Vaya Borji me has dejado perpleja, que pena que en blogsopt no haya botón de 'me gusta' porque me ha encantado :)
    ¿Sabes lo peor? NUNCA he ido a Tabarca, tengo mucho delito teniéndola tan cerquita...
    ¡Un besazo!

    ResponderEliminar