jueves, 11 de noviembre de 2010

Sí. Estocolmo.

Tras meditarlo mucho, darle muchas vueltas como siempre a las cosas, pensar en lo bueno y en lo malo, volver a pensar por si había algo que se le había quedado olvidado, pensar en ideas como la justicia, el misticismo, la practicidad, etc... Andrea fue al psicólogo.
Sabía que no era nada del otro mundo, que era lo más normal y lo mejor, que nadie le miraría raro, pero fue una decisión que le costó tomar, debido a su indecisión.
Allí, en las sesiones, la quietud reinaba, y eso llegaba a ser molesto. No respiraba fuerte porque incluso le atormentaba el hacer que otra persona escuchase su respiración, y así atormentarle. Quietud, rigidez, contención de aire, para agradar.
Poco a poco se fue desenvolviendo, todo empezó a fluir y lo más prohibido que escondía afloró a superficie. Todos esos detalles que a nadie contaba, tal vez a alguna amiga, pero muy de pasada. Contaba detalles sexuales pormenorizados, en el fondo sentía culpa y no sabía por qué.
El profesional escuchaba, callado siempre, no era necesario utilizar palabras. Bastaba con los más simples movimientos faciales para denotar calma, tranquilizar, proseguir, asentir dando a entender que en ese momento sí que fallaste, complicidad.
Tenía prohibido los acercamientos más de lo debido con sus pacientes. Tanto éticamente por su intrínseca persona, como por la facultad, donde le habían repetido que nunca se puede pasar a algo más con un paciente.
Pero su belleza era tal, que lo corrompía.
Pero sus palabras, en vez de tratar él al paciente, surtían el efecto contrario. El paciente convertía al profesional, sus argumentos tan idealísticos, aunque también pesimistas arrastraban al oyente como si de una fuerza gravitatoria se tratase: sólo que a la vez, las órbitas eran dobles, siamesas. El paciente había confiado tanto que parecía que su voluntad había consumido su fecha de caducidad, no le quedaba nada.
Un día oscuro, pero más claro que la oscuridad total..¿qué más da ya...?...El doctor lo miró concentrando todo su pensamiento en una palabra, un ideal, ese ideal que había hecho que los dos se encontraran allí.
Andrea torció el tobillo.
El "profesional" supo que controlaba.

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