Sus manos acariciaban las teclas como si recorriera la piel de alguien.
Sus dedos se zambullían en el aire como una juvenil pasión desenfrenada.
Toda ella mimaba al piano, tocaba las teclas que producían el sonido más exacto y exquisito, sabía lo que tenía que hacer para conseguir el placer.
Todas las noches, él se arrimaba a su ventana para verla tocar el piano blanco. Se hallaba prendado de aquella situación. Su banqueta también blanca, protegida con un pequeño cojín donde se sentaba la chica.
Ella sabía de su existencia, pero no lo miraba.
El chico vivía una vida ajetreada.
Viajaba mucho, por motivos de trabajo.
Sus padres estaban divorciados, también tenía que ir y venir de sus respectivas casas.
En el terreno amoroso, había tenido bastantes parejas. Empezó creyendo en el amor único, pero cuando se dio cuenta de que lo utilizaron, comenzó a utilizar a las chicas igualmente.
Su vida era un ir y venir de un lado a otro, de una situación a otra. Pasar de momentos de agobio al relax. Del placer al odio. Del sentirse querido al encontrarse solo aunque estuviera rodeado de gente.
Todo eso cambiaba cuando estaba en su piso nuevo. Contemplar a la pianista le hacía salir de su mundo y ver todo desde fuera.
Su habilidad de observador en la oscuridad quedó descubierta: le llegó una pequeña carta procedente de su vecina. Le invitaba a ir una noche a su casa, para oírla tocar. Cuando él quisiera, esa era la rutina de ella.
Un día que llegó del trabajo, fue a su casa sin ni siquiera cenar. La puerta estaba entreabierta. Pasó hasta la habitación y la encontró a ella, tocando "Comptine d'un autre été".
De pie, sin soltar su maletín, se desabrochó el primer botón de la camisa y se desaflojó la corbata.
Si todo fuera como él quisiera...
Quizá llegaría al clímax. Pero quizá si lo tienes todo, no sabrías que hacer primero para mantenerlo todo y no perder nada; y también por la incapacidad de sentir un momento especial sobre los demás momentos. Él se había dedicado a aguardar a la noche, para verla tocar. Era su gran momento del día.
Eso YA le daba un sentido a su día a día.
Cada percusión grave del piano le retumbaba en el pecho.
Sus manos acariciaban las teclas como si recorriera la piel de alguien.
Sus dedos se zambullían en el aire como una juvenil pasión desenfrenada.
Toda ella mimaba al piano, tocaba las teclas que producían el sonido más exacto y exquisito, sabía lo que tenía que hacer para conseguir el placer.
Hola cuki!!!!
ResponderEliminarYa te lo dije cuando viniste a mi casa,que me encantó muchísimo!deberías plantearte hacer un relato con capítulos y subirlo a fanfiction,un besote amore!!