-Ding
-Dong
-Ding dong
-¡Venga, preparaos, que ya empiezan!
-Lo siento, me encuentro mal, tengo que ir al servicio.
-Pero date prisa, que te vas a perder las campanadas.
-No te preocupes, al fin y al cabo sólo son uvas. No tardaré.
Esta conversación puede ser sacada del archivo del 2007. O del 2008. Bueno, quizás también del 2009, y del 2010... Lo cierto es que era una tradición para María. Todas las nocheviejas, desaparecía misteriosamente en el momento de las uvas, alegando problemas repentinos de salud, una llamada, lo que fuere.
Aunque ella atribuía a las uvas un valor cotidiano y nada especial; sí que volcaba todo su rito y necesidad en sus bordados.
Era muy sencillo su rito. Segundos antes, se ponía a bordar. Las campanadas reflejaban cómo serían los meses del año. Si daba una puntada perfecta, sería un mes perfecto. Si una puntada le había supuesto mayor afino, iba a ser un mes de transición. Si la puntada le había salido mal, o si sentía que el tejido que penetraba lo había notado más duro de lo normal, no esperaba nada bueno.
Así adivinó cuándo iba a quedarse embarazada. También cuando iba a pasar un verano inolvidable. Cuándo todo se iría al traste.
María pensaba en las propiedades físicas de los cuerpos. Pensaba por ejemplo, la rapidez con la que se calientan y enfrían la mayoría de los cuerpos sólidos. El agua tiene más memoria para ello, tarda más, es más lenta tanto en uno como en otro sentido. Sí, sin duda ella era agua. Pero sentía que era un oasis en medio del desierto, el mismo que pasa de estar a 50º durante el día que a -10º por la noche.
Esa noche, cogió la tela y empezó a bordar. No sentía ni que iban a ser ni buenos ni malos meses. Sin embargo, sentía en su cuerpo un lugar que se resentía. Se tocó la cara. Una cicatriz de este año. Pensó que había llegado el momento de dar un giro, cambiar. Sería un año diferente. Eso lleva sus riesgos.
Cogió la aguja y se la clavó en el dedo.
Definitivamente, había logrado que todo el año fuera especial, había conseguido un color imposible de igualar. No había dos en el mundo así.
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